El Karting Salou es uno de esos espacios fundacionales del ocio turístico en la costa mediterránea, nacido al calor del turismo europeo de los años 80 y 90. A partir de una estructura mínima legalmente consolidada —una cubierta ligera sobre esqueleto metálico— el proyecto se plantea como un gesto de relectura: no se trata de ampliar, sino de dotar de carácter, imagen y continuidad a lo que ya existe.
La estrategia es directa y elocuente: una envolvente de chapa perforada roja que recorre el perímetro, pliega las aristas y transforma un conjunto disperso en un volumen continuo y reconocible. Esta piel metálica fluye, absorbe tanto el volumen principal como el anexo de servicios, y genera un nuevo ritmo visual que evoca el movimiento de la pista. El rojo, con sus connotaciones automovilísticas —de Ferrari a Marlboro— introduce el espacio en el imaginario simbólico de la velocidad, sin necesidad de tematización literal.
En el interior, la intervención se completa con una nueva lona decorativa de patrón gráfico tipo camuflaje que cubre techo y paredes, y una iluminación RGB que activa el espacio en franjas horarias extendidas. La señalética y los rótulos completan el lenguaje visual con códigos de pista, competición y arcade.